Combatir la desinformación

Con la irrupción de la guerra en Ucrania ha vuelto a emerger, si es que ha dejado de hacer algún momento, el debate sobre cómo combatir la desinformación. Los conflictos bélicos son fenómenos que ponen en marcha de forma acelerada los aparatos propagandísticos de las partes. Esto no es nuevo. Paralelamente a la guerra real, el control del relato es un objetivo prioritario. Sin embargo, la diferencia radica en el nuevo contexto mediático y en estrategias de desinformación mucho más efectivas.

Publicado por Marta Montagut | 18.03.2022

Hace unos días el Mobile World Congress acogía la charla “Deconstructing Disinformation”, organizada por el think tank Digital Future Society. Allí pudimos escuchar a varios verificadores y al director de la Comisión Europea en Cataluña, Manuel Szapiro, que inevitablemente se refirió a Ucrania ya la cantidad de mentiras -más de 700 hasta este mes de marzo, como recoge la web UkraineFacts, impulsada por Maldita- que se difundían justo iniciada la invasión. De hecho, Szapiro apunta que el gobierno ruso tiene una maquinaria de construcción y diseminación de información falsa muy bien engranada y extremadamente agresiva a través, no solo del contenido de determinados medios, sino también a través del uso estratégico de las redes sociales . La Comisión Europea centra la lucha contra la desinformación -como la llevada a cabo a través de la plataforma EU vs Disinformation dedicada al análisis de la desinformación rusa- al monitorizar las mentiras, desacreditarlas, aunar esfuerzos, reforzar la legislación y formar los ciudadanos a través de iniciativas de alfabetización mediática. Pero no solo eso.

Charla Deconstructing Disinformation

Charla Deconstructing Disinformation, al Mobile World Congress 2022.

El debate está también en cómo se produce esta legislación y control sobre la desinformación. La reciente prohibición de medios como Rusia Today o Sputnik, por muy justificada que pueda parecer, puede convertirse en un peligroso precedente, sobre todo teniendo en cuenta que la dispersión de canales por los que puede llegar la desinformación es tan variado como difícil de controlar. Además, el uso popular del concepto fake news por parte de determinados actores políticos para desacreditar el trabajo de los periodistas es una tentación que puede legitimar la censura a través de un relato institucional sobre la seguridad. Es por ello que verificadores como Desirée García, Efe Verifica o Ruben Míguez, de Newtral, planteaban que la solución pasa por hacer buen periodismo, con todo lo que implica en inversión y seguridad laboral. También hacían referencia a la combinación de tecnología –especialmente inteligencia artificial- y criterio profesional en la verificación de información para no solo monitorizar las mentiras, sino también para poder distribuir masivamente las verdades.

A todo esto hay que sumarle una última cosa. Como ciudadanos, necesitamos aprender a informarnos adecuadamente, a ser exigentes, críticos y selectivos. Iniciativas como Learn to Check u otras plataformas internacionales como First Draft son pioneras en la generación de recursos para formar a la ciudadanía en la ardua tarea de estar bien informados y que no nos la cuelen. Nos va la salud de nuestros sistemas democráticos.

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