Desinformación y migración: principales narrativas y responsables

Las personas migrantes, refugiadas o las minorías religiosas suelen ser uno de los grupos más perjudicados por la desinformación, que les tacha de criminales (o terroristas), de robar empleos y acaparar ayudas públicas, de falta de interés en integrarse, de anticristianos… unos bulos que contribuyen al auge de ideologías xenófobas

Publicado por Marina Meseguer | 03.03.2025

La desinformación no es aleatoria. Aunque el volumen de información falsa y la rapidez de su diseminación nos puedan hacer pensar que se trata de un fenómeno caótico y arbitrario, lo cierto es que las campañas de desinformación tiene objetivos, estrategias y actores detrás de ellas. Como hemos visto con el fenómeno de la desinformación de género, los colectivos minoritarios o marginalizados suelen ser uno de los objetivos predilectos de estas campañas. Entre ellos, las personas migrantes, refugiadas o minorías religiosas suelen ser uno de los grupos más perjudicados. De hecho, un reciente informe del foro para la Integración Social de los migrantes señala que este tipo de desinformación va en aumento.

Se tacha a las personas migrantes de criminales (o terroristas), de robar empleos y acaparar ayudas públicas, de falta de interés en integrarse en las sociedades de acogida, de anticristianos… un batiburrillo de bulos, prejuicios y racismo mezclado con información deliberadamente falsa o descontextualizadas que está contribuyendo al auge de ideologías xenófobas. En este artículo vamos a explicar algunas de las características de la desinformación sobre los migrantes.

¿Cómo es la desinformación sobre migración?

Existen dos grandes temáticas desinformativas que giran en torno al miedo al inmigrante. “Por un lado, se intenta mostrar a los migrantes como una amenaza a la seguridad del país y, por otro, como una amenaza económica”, explica Carlos Arcila Calderón, profesor titular del Departamento de Sociología y Comunicación de la Universidad de Salamanca. “Una de las temáticas más frecuentes, es la del inmigrante como carga social. Que si las paguitas, que si vienen a aprovecharse del sistema público, que si no trabajan y viven del Estado…”, profundiza David Blanco-Herrero, investigador de la Universidad de Ámsterdam y miembro del Observatorio de los Contenidos Audiovisuales (OCA). “Luego está el marco de amenaza (“vienen a atacarnos”) y la vinculación de la inmigración con el terrorismo o la delincuencia, que es incluso más común”. Blanco-Herrero añade una tercera temática, la de la carga sombólica: “No estoy en contra de ellos, pero es que no son de aquí, son extranjeros y por lo tanto no quiero que vengan.Esto también va muy asociado a la extranjerización del Islam. Si eres musulmán no puedes ser español, porque no perteneces aquí, el musulmán no es nacional”.

¿Quién está detrás?

Hay narrativas fáciles de identificar, como por ejemplo los carteles colgados por Vox en el metro de Madrid durante la campaña de 2021 en los que se leía “Un mena: 4.700 euros al mes. Tu abuela: 426 euros de pensión/mes”. Una información completamente tergiversada con la intención de generar rechazo social al comparar el coste total por plaza de uno de los centros de acogida de menores tutelados en la Comunidad de Madrid, incluidos todos los gastos relacionados con el recurso, con el dinero que reciben los beneficiarios de las pensiones de viudedad. 

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No obstante, muchas veces el emisor primigenio de esta desinformación no es tan evidente. “Es muy complicado saber quién es el origen de esta desinformación, a veces puede ser cualquiera, desde gente que no tiene ni idea y al llegarles esta desinformación puedan sentirse indignados. a personas con unos fines que pueden ir desde me da todo igual y lo que quiero es ver el mundo arder y vamos a hacer daño a gente con una agenda política o incluso una agenda económica”, explica Blanco-Herrero. Arcila destaca que, aunque no siempre el emisor es identificable, sí que existen agentes que sacan rédito de la desinformación contra las personas migrantes: “Aquellos agentes que ideológicamente están en contra de la inmigración. Véase, los partidos de ultraderecha o los partidos ultranacionalistas, por un lado. Y por otro lado, también podemos encontrar ciertos lobbies de poder que consideran que la inmigración es un problema, no por una ideología, sino porque consideran que el control de la inmigración puede mejorar la estabilidad de las sociedades, sobre todo las más prósperas”. 

¿Cómo afecta el discurso de los medios?

La cobertura que hacen muchos medios de comunicación respecto al fenómeno migratorio, poniendo el foco únicamente a situaciones de crisis -como la llegada masiva de personas migrantes a las costas de Canarias- pobreza, marginalización o violencia ha abonado el terreno para la proliferación de la desinformación. Aunque la información que se publica en estos medios puede ser cierta, el enfoque negativo y el desinterés por informar de ejemplos de normalidad, convivencia y oportunidades ha facilitado la credibilidad de mucha información tergiversada o falsa. “La cobertura mediática -explica Blanco-Herrero- suele tratar temáticas muy similares a las de la desinformación. Entonces, si el receptor está acostumbrado a escuchar este tipo de noticias, tiene ya una base, una predisposición, para pensar en la inmigración como  conflicto, que es como se suele plantear”. “Se genera un marco de interpretación previo negativo que da espacio para este tipo de informaciones falsas o descontextualizadas que generan a su vez una mayor estigmatización sobre la inmigración”, añade Arcila.

¿Existen eventos que disparan la proliferación de desinformación sobre las personas migrantes?

Si, los agentes de la desinformación son oportunistas y se aprovechan de las preocupaciones sociales que puedan generar determinados eventos para lanzar sus campañas de falsedades. Unas falsedades que, a su vez, ayudan a generar incertidumbre y preocupación y a que ciertos asuntos escalen puestos en la agenda social. Es el pez que se muerde la cola. “Hay eventos desencadenantes, eventos que tienen mucho impacto y que hacen que empiece a circular la desinformación. Por ejemplo, España decide acoger un barco con personas migrantes que estaban en el Mediterráneo totalmente abandonadas. Pues ahí aumenta tanto la desinformación como el discurso de odio, porque esos eventos tienen mucho peso en el discurso público, al menos durante unos días”, afirma Blanco-Herrero.

¿Estas mentiras tienen un impacto en la vida de las personas migrantes?

La desinformación que corre por internet tiene efectos en la vida real y puede incitar a la violencia y exacerbar tensiones sociales, un fenómeno que va en aumento. Según datos del Ministerio del Interior español, las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado investigaron en 2023 un total de 2.268 delitos de odio, lo que supone un incremento del 21,3% respecto al año anterior, entre los cuales, cuatro de cada diez fueron por racismo y xenofobia.

Hay ejemplos concretos, este verano, en agosto de 2024, cuando Reino Unido experimentó una serie de disturbios violentos tras el asesinato de tres niñas en la localida de Southport. Rumores infundados en redes sociales afirmaban que el atacante era un solicitante de asilo musulmán, lo que desató protestas de extrema derecha y ataques a mezquitas y centros de acogida de migrantes en diversas ciudades británicas. Posteriormente, se reveló que el sospechoso, Axel Rudakubana, nacido en Cardiff y de religión cristiana, no tenía vínculos con el Islam. En agosto de 2018, la ciudad alemana de Chemnitz fue escenario de disturbios tras el asesinato de un hombre alemán, presuntamente a manos de solicitantes de asilo de Irak y Siria. En aquel entonces, las autoridades señalaron que la propagación de noticias falsas en redes sociales habían avivado las tensiones y contribuido a que las protestas se tornaran violentas. 

Arcila Calderón señala que hay segmentos de la población migrante que tienen un mayor riesgo de sufrir discriminación o ataques a causa de la desinformación, los llamados “públicos interseccionales”. “Se trata de públicos donde la desinformación ataca no sólo por un motivo de discriminación, sino por varios. Me estoy refiriendo específicamente, por ejemplo, a mujeres migrantes o mujeres transmigrantes. Es decir, donde se junta el tema de género, de identidad de género y de la inmigración”, indica.

De forma menos obvia pero claramente cuantificable, la desinformación sobre la inmigración tiene un impacto, aunque más indirecto, en las políticas públicas. “Si la desinformación tiene impacto en el discurso público y el discurso público, al fin y al cabo, determina también la agenda política y el voto -razona Blanco-Herrero. Si los resultados de las elecciones están influidos, aunque solo sean en una pequeña parte, por narrativas de desinformación, eso ya determina también las políticas públicas y, por supuesto, cómo afectan a las personas, tanto a los colectivos inmigrantes como a cualquier otra persona”. 

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