Inteligencia Artificial (IA), a la caza de fake news

Las mentiras no son nada nuevo, eso está claro. Si todo lo que decimos fuera cierto, a estas alturas Paul McCartney estaría muerto y el hombre no habría llegado nunca a la luna. Las mentiras pueden ser inofensivas, como cuando rechazamos atender a una persona con una carpeta azul a pie de calle «porque tenemos mucha prisa». Pero las farsas también pueden empezar guerras, como cuando, en 1931, el ejército japonés fingió ataques contra él mismo para justificar la guerra contra China y así conquistar Manchuria.

Publicado por Guillem Raich | 11.11.2020

Si los efectos pueden ser devastadores y el crecimiento de la desinformación es exponencial, ¿qué hacemos para protegernos? ¿Necesitamos nuevas herramientas? ¿Nos puede ayudar la inteligencia artificial a detectar y detener informaciones falsas? Y, todavía una pregunta más: ¿Tiene limitaciones esta tecnología?

Nuevas soluciones

Si queremos detectar una mentira, lo primero en lo que hay que fijarse es en las palabras que la forman. La mentira utiliza un lenguaje concreto. Las fake news, habitualmente, hablan en génerico, ofrecen poca información contextualizada y utilizan palabras con una gran carga emotiva. Con la ayuda de la inteligencia artificial, un ordenador puede aprender a detectar estas características en un texto. Estela Saquete, profesora de Ingeniería Informática de la Universidad de Alicante, trabaja en una tecnología capaz de analizar un texto y decir si es verdad o mentira con un 75% de probabilidades de acierto. Ahora bien, a pesar de los buenos resultados que se han dado, Saquete advierte que «se puede llegar a un techo con este método, ya que los mentirosos están aprendiendo a mentir mejor».

Otra de las tecnologías utilizadas en la lucha contra las noticias falsas ha sido la geolocalización de los contenidos. Esta es la tecnología que salvó al Bar Samoa de Orihuela, en Alicante. El bar fue víctima de una noticia falsa en la que se advertía a los clientes que no fueran al establecimiento porque se había detectado un caso de coronavirus entre los trabajadores. Unos días más tarde, el equipo de Saquete descubrió que el texto que se difundió en Orihuela hablaba de otro Bar Samoa, situado en Galicia, que sí que había sido clausurado. «Utilizamos un programa que nos permite localizar el lugar donde se han escrito las noticias. En este caso, vimos un punto rojo en Galicia. Esto nos demostró que la información que se recibió en Orihuela no había sido escrita allí», explica Saquete.

inteligencia artificial

Contrataque

A medida que se van tapando agujeros, las fake news van encontrando nuevos caminos. «Algunos tuits de los antivacunas utilizan la etiqueta #vaccineswork (las vacunas funcionan) para engañar a los programas de verificación», explica Hans Eguía, médico de atención primaria en Dinamarca e investigador en telemedicina. «El problema de utilizar la tecnología para solucionarlo todo es que siempre habrá personas que utilicen esta misma tecnología para contratacar», puntualiza Eguía.

La idea de Hans Eguía no es sólo trabajar contra las informaciones falsas; también cree que se deberían dar herramientas a los médicos para que ellos las puedan identificar. El programa HOPE (Health Operation for Personalized Evidence), que Eguía ha ayudado a desarrollar, lee las notas de los médicos sobre sus pacientes y busca información fiable relacionada en varias revistas científicas. La aplicación ya se ha comenzado a probar y los resultados, según Eguía, son bastante positivos: «Los médicos tenían una lista de diez artículos relacionados con su paciente en tan sólo doce segundos».

Educación

A pesar de los avances tecnológicos, tanto Eguía como Saquete destacan un mismo objetivo: conseguir que las personas identifiquen las mentiras y las dejen de distribuir. «La noticia falsa ha existido siempre -dice Saquete- el problema es que ahora se viraliza y, una vez se ha compartido tantas veces, es imposible desmentirla». Estela Saquete se refiere a los problemas que han tenido para hacer llegar los mensajes desmintiendo una noticia a las personas: «La noticia falsa la comparten todos; el desmentido no lo comparte nadie».

Pero, si bien en el siglo pasado las mentiras viajaban por carta, o por radio, hoy han encontrado un caldo de cultivo mucho más jugoso: las redes sociales. Y por si esta coincidencia no fuera suficientemente buena, una pandemia mundial ha acabado de aliñar el conjunto para dar lugar a una «tormenta perfecta» de desinformación y fake news. «No podíamos imaginar hasta qué punto se multiplicarían las farsas durante la pandemia», dice Carlos Mateos, coordinador del Instituto SaludsinBulos, en el discurso de presentación del II Congreso de Bulos de Salud. El congreso, que apenas celebra su segunda convocatoria, se ha planteado el reto de frenar las mentiras sobre salud pero, tal y como explica Mateos, el trabajo cada vez se complica más: «Los fabricantes de bulos se están haciendo fuertes, ahora tienen bots capaces de derribar gobiernos».

La sensación de que cada vez se están propagando más noticias falsas se ha podido comprobar en el II Estudio de Bulos en Salud. De los más de 300 médicos encuestados, un 90% dice que la pandemia ha hecho crecer el número de mentiras en circulación. Este crecimiento lo han visto reflejado los profesionales sanitarios en sus consultas: tres de cada cuatro médicos han atendido a personas preocupadas por una noticia falsa sobre el coronavirus. Los principales canales de transmisión de estas farsas son WhatsApp y las redes sociales como Twitter o Instagram.

Ante este crecimiento de la desinformación, necesitamos más herramientas para combatirla. Y la inteligencia artificial puede ser un arma más. El big data o el machine learning son tecnologías muy potentes, pero también lo son para los antivacunas y, por lo tanto, no son una solución definitiva. Ahora más que nunca los cazadores de fake news insisten en el papel de médicos y ciudadanos, que tienen que aprender a ser críticos con lo que leen y dejar de confiar en la opinión del peor doctor de todos: el doctor Google.

 

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