La alfabetización mediática: una herramienta clave contra la desinformación en España
El capítulo 9 de la obra, titulado “Media and Information Literacy (MIL): A Resilient Response to the Risk of Misinformation”, escrito por las investigadoras Nereida Carrillo Pérez (Universitat Autònoma de Barcelona) y Marta Montagut Calvo (Universitat Rovira i Virgili), presidenta y vicepresidenta de Learn to Check, analiza cómo la AMI ha evolucionado para adaptarse a un contexto en que la inteligencia artificial, los algoritmos y las redes sociales tienen un papel central en la difusión de informaciones falsas.
Según el estudio, la preocupación por la desinformación ha aumentado de manera considerable en los últimos años. En España, el Digital News Report 2024 indica que el 70% de los encuestados muestran inquietud sobre la veracidad de la información que encuentran en línea, una cifra que ha crecido en seis puntos respecto al año anterior. Esta situación no solo genera desconfianza en los medios de comunicación, sino que también puede ser utilizada como una herramienta para erosionar la democracia.

Las investigadoras señalan que la desinformación se ha consolidado como una «amenaza híbrida», es decir, una estrategia usada tanto por actores estatales como no estatales para influir en la opinión pública y desestabilizar sociedades. “Los discursos manipulados y las noticias falsas no solo afectan la percepción de la realidad de los ciudadanos, sino que también tienen consecuencias directas en las decisiones políticas y sociales”, explican las autoras en el capítulo.
La alfabetización mediática e informacional empezó siendo un campo centrado en el análisis crítico de los medios tradicionales (prensa, radio y televisión), pero con los cambios tecnológicos y la irrupción de las redes sociales, su definición ha evolucionado para incluir nuevas dimensiones. La UNESCO la define como un conjunto de competencias que permiten a las personas acceder, analizar y producir información de manera crítica y ética.
Dentro de estas competencias clave, el estudio destaca algunas fundamentales como el pensamiento crítico, la detección de sesgos, la distinción entre hechos y opiniones, el conocimiento de algoritmos y plataformas digitales o la participación activa. “El objetivo final de la AMI no es solo evitar la desinformación, sino formar una ciudadanía activa e informada que pueda participar de manera crítica en la sociedad”, afirman Montagut y Carrillo.
El estudio destaca que, todo y los adelantos legislativos, la aplicación de la AMI en España ha sido fragmentada e insuficiente. A pesar de que la Ley 7/2010 de Comunicación Audiovisual introdujo por primera vez la importancia de la alfabetización mediática en la formación ciudadana, su implementación ha quedado en gran parte relegada a iniciativas aisladas de profesores o entidades periodísticas.
Un ejemplo de estas iniciativas son proyectos como “Prensa en las Escuelas”, impulsado por el Colegio de Periodistas de Cataluña, o Learn to Check, que promueve talleres para jóvenes y docentes. También se han creado programas de verificación y formación a través de fact-checkers como Maldita.es y Verificat, que ofrecen recursos para que la población aprenda a identificar noticias falsas. Aun así, las investigadoras señalan que estas acciones son insuficientes sin una estrategia educativa clara y sistemática.
El capítulo del libro concluye con la reflexión de que la alfabetización mediática no es solo una herramienta de defensa contra la desinformación, sino un elemento fundamental para el buen funcionamiento de la democracia. Sin ciudadanos formados y críticos, las fake news continuarán siendo un arma de manipulación social y política. Por lo tanto, el reto principal para España es pasar de un modelo de formación parcial y voluntarista a una estrategia estructural y coordinada que garantice que todo el mundo, independientemente de su edad o nivel educativo, pueda desarrollar las competencias necesarias para navegar en el ecosistema informativo del siglo XXI.