La desinformación lesiona nuestros derechos
Las campañas de desinformación están coordinadas y erosionan nuestros sistemas democráticos, económicos, la convivencia social y hasta nuestra vida privada
La desinformación nos perjudica a nivel individual y colectivo mucho más de lo que somos conscientes. Su impacto, muchas veces desapercibido o infravalorado, puede afectar a nuestras decisiones de voto, de consumo, de salud o económicas. A través de la manipulación y los engaños, estas campañas perniciosas y coordinadas erosionan nuestros sistemas democráticos, la convivencia social y hasta nuestra vida privada. Veamos las formas en las que la información falsa afecta a nuestros derechos:
Derecho a la privacidad
Desde las campañas del referéndum sobre el Brexit y las elecciones presidenciales estadounidenses del 2016 se ha comprobado cómo las estrategias organizadas de desinformación se han valido de nuestros datos que facilitamos a las plataformas de internet “para enviarnos información microsegmentada, para que vaya dirigida a apelar nuestras emociones, nuestros sentimientos o nuestros intereses” y así tener influencia en nuestras decisiones, explica la experta en desinformación del Cidob Carme Coromina.
Un ejemplo paradigmático es el llamado “escándalo de Cambridge Analytica”. En 2018, gracias a las revelaciones del whistleblower Christopher Wylie, salió a la luz que esta empresa había estado utilizando los datos de hasta 87 millones de usuarios de Facebook sin su consentimiento y los había utilizado para realizar perfiles psicológicos con el objetivo cambiar la forma de pensar de los votantes de forma casi individualizada a través de propaganda pero también de desinformación. Los servicios de la consultora fueron utilizados por la campaña de Donald Trump de 2010 y durante años trabajó en campañas electorales de países como Argentina, Brasil, Colombia o México.
Derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen
Las campañas de desinformación conllevan una fuerte carga de discurso de odio que puede llegar a afectar al derecho al honor de colectivos e individuos, particularmente aquellos que se dedican a la defensa de los más vulnerables, con el objetivo de desacreditarlos o silenciarlos. Un ejemplo serían los ataques contra representantes de colectivos como los inmigrantes, el colectivo LGTBIQ+ -con una especial virulencia contra las personas trans- o el feminismo. El desarrollo de la inteligencia artificial también conlleva nuevos retos para la detección de contenido fabricado, especialmente imágenes y vídeos, cuyo realismo ha sido empleado no solo para mentir, sino para humillar o vulnerar el derecho a la intimidad tanto de personajes conocidos como individuos anónimos, mayoritariamente a las mujeres. Cantantes como Taylor Swift o Rosalía han visto cómo su rostro era utilizado para la creación de contenido sexual. Pero esta técnica de creación de imágenes ultrarealistas también se ha utilizado para humillar a compañeras de instituto, exparejas… El año 2023 varias menores de edad de la localidad de Almendralejo denunciaron ante la policía que circulaban por las redes sociales decenas de imágenes sexuales con su rostro generadas por inteligencia artificial, un caso que se ha repetido en Mallorca, donde tres menores fueron detenidos por la difusión de deepfakes sexuales con el rostro de sus compañeras de clase.
Derecho a la salud
La pandemia de la covid 2019 puso de relieve los efectos que la desinformación pueden tener sobre la salud pública. Rumores, informaciones falsas y teorías de la conspiración se expandieron a la par que el virus, lo que llevó a la OMS a advertir a la comunidad internacional sobre la expansión de una “infodemia” mundial. La expansión de mitos o falsedades sobre salud no nacieron con la pandemia, pero la rapidez de su expansión gracias a las redes sociales pueden provocar y, de hecho, ya han provocado problemas de salud pública y de expansión de enfermedades que se creían controladas. En 2019 la OMS ya señaló a la desinformación como una de las principales amenazas para la salud y alertó de que el repunte de casos de sarampión en lugares donde la enfermedad estaba prácticamente erradicada coincidía con una disminución de la tasa de vacunación que vinculaba a información inexacta respecto a la vacuna de la triple vírica (sarampión, paperas y rubeola).
Abundan también en las redes sociales remedios casi milagrosos para aliviar enfermedades o dietas que prometen rápidos resultados y que se apoyan en argumentos pseudocientíficos para transmitir una falsa sensación de rigor. A parte del riesgo que esto supone para nuestro bolsillo, ya que detrás de estas dietas o alimentos pueden haber estafadores con afán de lucrarse a costa de la desesperación de las personas, existe un grave riesgo para nuestra salud física y mental, ya que estas soluciones que, en muchos casos se venden como “alternativas”, “naturales”, “ancestrales”, “detox”…, pueden incluso empeorar nuestras enfermedades o dolencias. En octubre de 2024, la fiscalía de Marbella abrió una investigación contra una empresa llamada Immucura que durante años había estado vendiendo a precio de oro tratamientos ilegales contra el cáncer a cientos de personas terminales. Otro conocido promotor de bulos sobre salud disfrazados de remedios naturales es el agricultor Josep Pàmies, condenado por estafa y que, entre otras muchas mentiras, promueve el uso de un derivado de la lejía para “curar el autismo”.
Derecho a unos procesos democráticos sin interferencias
“La desinformación genera caos, causa desconfianza, aumenta los niveles de desapego, lo que acaba vulnerando el derecho a un proceso democrático sin trabas y sin intereses escondidos”, sostiene Coromina. Las campañas de desinformación son cada vez más utilizadas durante los procesos electorales. Sin ir más lejos, durante las recientes elecciones estadounidenses del pasado 5 de noviembre, un 88% de los votantes del ganador, el republicano Donald Trump, se habían mostrado preocupados por el riesgo de “fraude electoral” en las encuestas. Un fraude electoral del que no se ha presentado ninguna prueba, pese al constante cuestionamiento del sistema de voto del ahora presidente electo.
“A corto plazo, la desinformación intenta incidir en los resultados electorales, perjudicando o beneficiando a determinados candidatos. También intenta promover la abstención”, explica Nereida Carrillo, profesora de periodismo en la UAB y presidenta de Learn to Check. “A medio y largo plazo lo que hace es erosionar la confianza en los sistemas y las instituciones democráticas y malmeter los valores democráticos. Y, sin confianza, no podemos articular acciones colectivas para el progreso de la sociedad”, indica. A esa desconfianza en el sistema, hay que añadirle la polarización que facilitan las redes sociales. “Se ha polarizado de tal manera que o estás conmigo o estás contra mí”, afirma Carlos Espiritusanto, periodista y profesor en la Universidad Carlos III. “Esto lo único que va a generar van a ser sociedades muy polarizadas, incluso en países donde esto no sucedía, y a partir de ahí vamos a terminar con la democracia”, alerta.
El Foro Económico Mundial ha considerado la desinformación como el principal riesgo mundial en los próximos dos años, y el quinto riesgo mundial en los próximos diez años en su informe sobre Riesgos Mundiales de 2024. “Cerca de 3,000 millones de personas acudirán a las urnas electorales en varias economías –en los próximos dos años–, incluidos Estados Unidos, India, Reino Unido, México e Indonesia. La presencia de desinformación en estos procesos electorales podría desestabilizar gravemente la legitimidad real y percibida de los gobiernos recién elegidos, generando violencia, terrorismo y una erosión a largo plazo de los procesos democráticos”, advirtiere el informe.
El uso de la desinformación, también está siendo utilizado en las luchas por la influencia geopolítica para debilitar a los adversarios. La legislación internacional, en teoría, prohíbe la injerencia extranjera en asuntos internos de otro país. No obstante, que las potencias o países vecinos interfieran en las políticas nacionales es una práctica común más o menos velada que, a través de las campañas de desinformación en redes, ha tomado unas formas y una capacidad de influencia inauditas. “Podríamos considerar que la disrupción de ciertos países en campañas electorales de un tercer país está violando esta legislación internacional”, denuncia Coromina. Hay casos estudiados y probados. Durante las elecciones presidenciales de los Estados Unidos en 2016 “se constata claramente cómo hubo cuentas destinadas a difundir información dañina para uno de los candidatos -Hillary Clinton- y a favor de otros y cómo muchas de esas cuentas estaban directamente vinculadas a intereses rusos”, recuerda la experta del Cidob. En la Unión Europea, la injerencia rusa también pudo ser constatada durante la campaña del Brexit, así como en las elecciones de 2017 en Francia y Alemania. “En ambos casos se constata cómo campañas desinformativas tienen una incidencia directa en las elecciones de ambos países”, afirma Coromina.
Los gobiernos de China, Rusia e Irán son los que más uso hacen de las campañas de desinformación, según datos de 2020 del Global Inventory of Organized Social Media Manipulation. Pero el mismo informe también revela que las campañas de desinformación provenientes del exterior son comunes. De hecho, de los 25 países que mayor uso hacen de la desinformación, 15 de ellos también son los principales objetivos de las estrategias de propaganda desde el exterior.
Derecho a la libertad de expresión y a recibir una información veraz
La censura y la pérdida de libertad de expresión es otro efecto indirecto de la desinformación debido a que las estrategias de los Estados y instituciones supranacionales para combatirla han apoyado medidas para el control del contenido que se publica en internet, lo que acaba afectando a libertades fundamentales. “La censura y la criminalización son medidas excesivamente punitivas y, en general, ineficaces para combatir la desinformación, y pueden favorecer la desconfianza en las autoridades”, explica Amnistía Internacional en su informe ‘Silenciamiento y desinformación. La libertad de expresión en peligro durante la pandemia de Covid-19’, publicado en 2021.
“En lugar de criminalizar y silenciar, los Estados deben ser proactivos a la hora de proporcionar a la población información verosímil, fidedigna, objetiva, basada en evidencias científicas y accesible. Asimismo, los Estados deben poner en marcha medidas integrales y coordinadas para combatir la difusión de desinformación en Internet, en particular velando por que las empresas de redes sociales adopten medidas concretas para dar respuesta a la proliferación de desinformación en sus plataformas, ofreciendo un entorno propicio para el periodismo de calidad y los medios de comunicación independientes, y apoyando las iniciativas de alfabetización en materia de salud e Internet”, prosigue el informe.
Derechos de la infancia
“No tener información de buena calidad, contrastada, que me haga crecer, supone un demérito del derecho a la participación de niños y niñas. Para poder participar y ser miembros activos de la sociedad, necesitan tener buena información y, sobre todo, que no tenga el propósito de hacerles daño”, explica Nacho Guadix, responsable de Educación y Derechos Digitales de la Infancia de Unicef España. Un informe publicado en septiembre de 2024 por Save the Children sobre la exposición de los niños y adolescentes españoles a la desinformación y el discurso del odio en el entorno digital revela que los adolescentes españoles reconocen estar expuestos “a contenidos en redes que promueven el odio y estereotipos raciales y de sexualidad”.
Además, según esta investigación, los chicos son más vulnerables “a discursos que niegan la violencia de género y otros movimientos sociales amenazantes para el status quo machista, racista y homofóbico”, mientras que las chicas reciben mensajes agresivos y ofensivos y se ven más afectadas “por la exposición constante a representaciones idealizadas de vida y estándares de belleza”, lo que repercute negativamente en su salud mental. “Particularmente la presión por amoldarse a cuerpos deseables y la cosificación genera baja autoestima y problemas de confianza, lo que puede derivar en trastornos de conducta o autolesiones”, alerta esta investigación.
Por tanto, es necesario, según apunta Guadix, el acompañamiento de los menores en su consumo de contenido en internet. De lo contrario, se les expone a riesgos que van “desde el consumo de contenidos inadecuados, a prácticas de grooming, ciberbullying, juego online…”.