¿Qué es la AMI y cómo se puede trabajar desde las bibliotecas escolares?
La alfabetización mediática e informacional (AMI) es el conjunto de competencias necesarias para buscar, evaluar y utilizar información de forma crítica y consciente. Las bibliotecas escolares son una herramienta fundamental para que estos conocimientos lleguen a los más jóvenes, cada vez más expuestos a la desinformación.
Cuando hablamos de alfabetización mediática e informacional (AMI) nos referimos al conjunto de competencias que necesita una persona para buscar, evaluar y utilizar de forma crítica la información que le llega en su día a día a través de los medios de comunicación y las redes sociales. En un mundo en el que los ciudadanos son constantemente bombardeados con información, saber discernir entre la que es fiable y la que no, entender cuales son sus derechos como usuarios de internet o tener los conocimientos necesarios para utilizar la tecnología se han convertido en saberes indispensables para participar en la vida pública y en los procesos democráticos, así como en la toma consciente de decisiones sobre su propia vida.
No se trata sólamente de democratizar las capacidades para el uso de la tecnología y los medios de comunicación, sino de estimular el pensamiento crítico. Ante la proliferación de la desinformación y los discursos de odio, la disminución de la confianza en los medios de comunicación y en las innovaciones digitales -en particular la Inteligencia Artificial (IA)-, sería un error centrarse exclusivamente en los conocimientos técnicos y olvidar los aspectos morales.”A veces hay muchas actividades que dicen ser de alfabetización mediática y no lo son verdaderamente porque son más técnicas o prácticas. Son importantes, pero no son suficientes. No importa si trabajamos con un periódico de papel o con IA, es necesario trabajar el pensamiento crítico”, afirma Vitor Tomé, experto en alfabetización mediática del Consejo Europeo y la Comisión Europea.
Pero, ¿Contamos con acceso suficiente a información fiable? Y, aún más importante, ¿Existe la concienciación necesaria en nuestras sociedades sobre la importancia de saber acceder a dicha información? Este debate no es nuevo, pero en los últimos años -especialmente tras el triunfo electoral de Donald Trump en los EE.UU. en 2016 y la pandemia de la Covid-19 en 2020- se ha convertido en vital para evaluar la salud de nuestras democracias. “No estamos luchando únicamente contra una epidemia; estamos luchando contra una infodemia. Las noticias falsas se propagan con más rapidez y facilidad que el propio virus y son igual de peligrosas”, alertó en enero de 2020 el director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.
En respuesta a estas preocupaciones, la AMI se ha convertido en una herramienta vital y su aplicación se extiende a nivel global. Sin ir más lejos, el último mapeo de iniciativas de AMI en Iberoamérica, publicado por la Unesco en 2023, señalaba la existencia de hasta 52 proyectos en toda la región realizados por plataformas reguladoras del sector audiovisual, organismos públicos o organizaciones civiles. A parte de estas iniciativas, en este artículo nos centraremos en el papel que las bibliotecas escolares, como espacio de encuentro comunitario y para el conocimiento entre los más jóvenes, pueden llevar a cabo como agentes de AMI.
Las bibliotecas escolares y su papel en la AMI
“Las bibliotecas pueden ofrecer recursos didácticos que enseñen habilidades de investigación y selección de información. Programar sesiones sobre cómo identificar fuentes fiables, analizar contenidos y reconocer técnicas de manipulación informativa”, sostiene Maria Gajas, profesora de secundaria y experta en bibliotecas escolares. “Los bibliotecarios estamos formados para eso, nos dedicamos a gestionar información”, indica Júlia Baena, experta en bibliotecas escolares y profesora en el máster de Biblioteques escolars i Promoció de la lectura (UAB-UB).
Las bibliotecas escolares pueden fomentar el pensamiento crítico mediante la creación de clubes de lectura, talleres, charlas… “Todos estos son espacios en los que los jóvenes pueden debatir sobre temas controvertidos, analizar diferentes puntos de vista y confrontar sus ideas con la de los demás -indica Gajas-. Esta interacción no sólo les ayuda a desarrollar sus capacidades analíticas, sino que también les anima a cuestionar la información que consumen, aspecto vital en la era de la desinformación”.

El “Estudio de alfabetización mediática en centros de Educación Secundaria Obligatoria” publicado por el Ministerio de Educación en 2023 señala que el 55,5% de los adolescentes consultados se informan principalmente a través de las redes sociales y sus principales referentes mediáticos son los influencers. El mismo estudio señala que existe una gran diferencia entre la autopercepción de los estudiantes de secundaria a la hora de distinguir el género periodístico informativo y de opinión (un 92,1% afirma ser capaz, pero un 64,4% confunde opinión con información) y que un 58,8% sostiene saber distinguir entre una noticia falsa y una verdadera, sin embargo, expuestos a varios titulares falsos, un 51,8% dió por bueno un titular que contenía un bulo sobre inmigración.
Tanto Gajas como Baena están de acuerdo en que para formar a los jóvenes en AMI y mejorar estos datos es necesaria la colaboración entre las bibliotecas escolares y el profesorado. “Los maestros son agentes clave en el proceso de alfabetización mediática, puesto que están en contacto directo con los estudiantes y pueden integrar estas competencias en sus materias. La colaboración entre bibliotecarios y profesores puede generar una sinergia poderosa, en la que los bibliotecarios aportan su experiencia en la gestión de la información y los maestros en la pedagogía. Así, pueden desarrollarse proyectos interdisciplinarios que vinculen el currículum académico con las necesidades de alfabetización mediática”, asegura Gajas.
No obstante, Baena alerta sobre la necesidad de una mejor formación en AMI por parte del profesorado durante la carrera, especialmente entre “los nacidos con Google”. “Están más formados en digitalización, pero no en alfabetización informacional”, sostiene. “Si tu sabes cómo buscar, cómo evaluar y cómo tratar la información, es mucho más fácil no caer en las trampas de la desinformación. Si la única forma que tienes de buscar es ponerlo en Google…”, lamenta Baena.
“Se dice que la IA va a ser la solución para todo, y no, lo que va a ser es un problema más porque es necesario aprender a trabajar con ella”, reflexiona Tomé. “Pero el pensamiento crítico es eso, algo práctico y teórico al mismo tiempo. Hay que encontrar soluciones, hay que trabajar con las manos en la masa al mismo tiempo que lo hacemos con el cerebro. Ser crítico es analizar, evaluar, es reflexionar para construir, no es solo decir “yo no estoy de acuerdo””, concluye.