¿Cómo afecta la desinformación a las entidades del tercer sector social?
La desinformación se ha convertido en una de las grandes amenazas para los derechos y las libertades en el siglo XXI. Y las entidades sociales del tercer sector, que trabajan diariamente con colectivos en situación de vulnerabilidad, como personas con discapacidad, personas de origen migrado, personas en situación de sin hogar o jóvenes en situación de riesgo, sufren los efectos de manera creciente. Así se refleja en el dossier «“Los derechos sociales en tiempos de desinformación”, disponible en abierto.
Según el dosier “Los derechos sociales en tiempos de desinformación”, impulsado por la Taula d’entitats del Tercer Sector Social de Catalunya y elaborado por Nereida Carrillo, doctora en Comunicación y Periodismo por la UAB y presidenta de Learn to Check, la desinformación no solo erosiona el derecho a una información veraz, sino que contribuye a vulnerar derechos fundamentales como el derecho a la salud, en la educación, a la no discriminación o a una vivienda digna. El dosier se presentó en un acto el pasado 19 de junio. Xavier Trabado, presidente de la Taula d’entitats del Tercer Sector Social de Catalunya, inauguró el acto y afirmó: «La desinformación es una de las principales amenazas para los derechos, libertades y democracias, sobre todo para los colectivos en situación de vulnerabilidad. Es una expresión del odio».
La autora del estudio, Nereida Carrillo, destacó la importancia del dosier: «Cuando se aborda la temática de la desinformación, con frecuencia se reflexiona sobre la desinformación rusa o china, se hace en clave de seguridad nacional, se estudian las principales narrativas, los formatos y los canales pero con muy poca frecuencia se reflexiona sobre la desinformación con una mirada social y humana, desde la perspectiva y la empatía con las víctimas; denunciando la vulneración de derechos». La presidenta de Learn to Check, añadió: «La desinformación es odio en formato mentira».
Las entidades del tercer sector han sido objeto de campañas de desprestigio y falsedades que cuestionan su tarea, generan desconfianza entre la ciudadanía y debilitan su capacidad de incidencia social y política. Esta situación complica el trabajo de las profesionales, que a menudo tienen que desmentir informaciones falsas, defender su credibilidad y sostener emocionalmente a las personas afectadas por la desinformación. Así lo explicaron diversas entidades en la mesa redonda del acto de presentación.
Giorgio Ossola, persona vinculada a la Fundació Arrels y representante de ECAS, lamentó la desinformación sobre las personas sin hogar durante la pandemia de la Covid: «La desinformación hacía pensar que una persona sin hogar era correa de transmisión del virus». Por su parte, Isabel Alcalde, miembro de la asociación Daruma Granollers y vicepresidenta segunda de Salut Mental Catalunya, lamentó: «La desinformación hace que nos creamos el estigma. Tiene consecuencias gravísimas en el proyecto de vida de las personas». También participó en la mesa redonda Romaisa Krima, responsable técnica del proyecto ‘Entre Joves’ de FEPA. «La desinformación amplifica los estereotipos de que los y las jóvenes extuteladas vivimos del Estado y que no podemos tener una vida funcional. Escuchar estos prejuicios hacen que te los creas, que pienses que eso es lo que te define. Estos sencillos mensajes son necesarios, pero las realidades sociales son mucho más complejas», aseguró Romaisa Krima. La mesa redonda contó además con la participación de Óscar Velasco, responsable de comunicación de Cruz Roja en Cataluña, quien describió la desinformación sobre la entidad y su trabajo durante la DANA: “Si normalmente recibimos 300 menciones semanales, durante la DANA pasamos a tener 7.000 diarias. Era ingobernable. Las menciones que contenían desinformación nos dificultaban encontrar los mensajes de personas afectadas que pedían ayuda en una situación de emergencia». Por su parte, Rubèn Sánchez Ruiz, miembro del equipo técnico de la Dirección General de Promoción y Defensa de los Derechos Humanos de la consejería de Igualdad y Feminismo, concluyó.»La desinformación es el gran enemigo de las políticas públicas a favor de los derechos humanos».
Consecuencias para toda la ciudadanía
La desinformación también tiene efectos globales: deslegitima las instituciones democráticas, erosiona la confianza en los medios y fomenta la polarización. A largo plazo, puede frenar los adelantos sociales y políticos y dificultar la construcción de una sociedad justa y cohesionada.
Las mentiras que circulan por redes sociales y medios digitales estigmatizan especialmente a determinados colectivos. Las personas migradas son descritas a menudo como delincuentes o aprovechadas, las personas sin hogar como peligrosas, y las mujeres o activistas feministas reciben ataques constantes basados en falsedades que pretenden desacreditarlas.
Estas narrativas fomentan el odio y la discriminación, y refuerzan prejuicios que dificultan el acceso de estas personas a sus derechos y servicios básicos. Además, pueden tener consecuencias graves emocionalmente, como el aislamiento, el miedo o la pérdida de autoestima.
¿Qué podemos hacer para frenarla?
El dosier propone varias líneas de acción para paliar los daños de la desinformación. En primer lugar, plantea promover la alfabetización mediática e informacional (AMI): formar a la ciudadanía para identificar la desinformación y fomentar el pensamiento crítico. También propone trabajo en red, es decir, reforzar las alianzas entre entidades sociales, medios, administraciones y comunidad educativa para detectar y combatir contenidos desinformadores. El empoderamiento de las personas afectadas puede ser un factor clave. Dar herramientas a las personas para que reconozcan discursos discriminatorios y puedan levantar la voz para defender sus derechos. Otra propuesta son las narrativas alternativas: generar relatos positivos, diversos y reales sobre los colectivos estigmatizados para romper estereotipos y cambiar miradas.