Desinformación: un desafío para la democracia

La desinformación se ha convertido en un fenómeno global y complejo que afecta directamente a la calidad y sostenibilidad de los sistemas democráticos. Y aunque este hecho haya generado una preocupación política y ciudadana que reflejan diversos estudios en los últimos años, como el Digital News Report del Reuters Institute,  la crisis generada por el Coronavirus ha evidenciado de forma aún más cruda los efectos nocivos de las mal llamadas “fake news”. Por este motivo nacen iniciativas como “Learn to Check”, que se presentó el jueves, 4 de marzo, en el marco de la charla “La desinformación: un desafío para la democracia” organizada por la Embajada de EE. UU. en Madrid y la Asociación de Comunicación Política (ACOP).

Publicado por Marta Montagut | 10.03.2021

El acto, que se realizó y se puede recuperar a través del canal de Youtube de la Embajada de EE. UU., contó con la presencia destacada de la Ministra de Educación y Formación Profesional, Isabel Celáa, acompañada por el encargado de negocios de EE.UU. en España Conrad Tribble, la presidenta de ACOP, Verónica Fumanal, la veterana periodista María Rey y Nereida Carrillo, alma màter de la plataforma “Learn to Check”.

Más allá de evidenciar los peligros de la desinformación, la aportación de los diversos ponentes no solo analizaba la complejidad del fenómeno, sino también la necesidad de actuar a través de la educación mediática. La ministra Celáa hacía referencia, en este sentido, a “una ciudadanía resistente a los intentos de manipulación de la realidad”, que fuera capaz de hacer frente a la “inmensa batalla narrativa” que plantea la multiplicidad de mensajes que nos llegan a través de todo tipo de pantallas y la dificultad en detectar qué información es fiable.

La “pandemia paralela”, o “infodemia” que se da en nuestro consumo mediático habitual, tal y como destacaba la ministra, se ha agudizado con la crisis generada por la situación sanitaria, dejando cada vez más claro que la desinformación sobre el virus también es contagiosa y afecta no solo a la salud, sino también a la estabilidad de los sistemas democráticos. De ahí que la ministra planteara que el fenómeno debía ser abordado de una forma global, con la educación y la digitalización como centro de cualquier estrategia y dotando especialmente a los jóvenes de las herramientas necesarias para combatir la información falsa.

Por su parte, Conrad Tribble destacaba el compromiso de la embajada contra la desinformación a través de iniciativas como la de “Learn ro Check”. El diplomático equiparó las competencias en verificación digital con otros saberes tradicionales e indiscutidos: “Hoy en día, saber discernir lo real de lo falso es como saber matemáticas o lengua”. En este mismo sentido se expresaba la veterana periodista María Rey que destacaba que no solo “hay que saber informarse”, sino que también “hay que querer leer y querer escuchar”, haciendo referencia a la necesidad de concienciar a la ciudadanía de tener una actitud activa, responsable y crítica frente a la desinformación.

En esta misma línea apuntaba Nereida Carrillo, que hacía referencia a que los periodistas habían perdido el monopolio de la información y la verificación y que los procesos para informarse revestían de mayor complejidad y más compromiso por parte de la ciudadanía. Aun así, los periodistas aparecen como actores clave en el debate sobre qué hacer o cómo combatir la desinformación. La propia plataforma “Learn to Check” es una iniciativa que surge desde el periodismo. Tal y como indicaba su impulsora, Nereida Carrillo, “en el siglo XXI, actividades como contrastar y producir información, que antes eran una potestad periodística, son ahora una necesidad ciudadana. Y los y las periodistas tenemos la obligación ética y moral de compartir lo que sabemos para empoderar a la ciudadanía y proteger a la democracia”.

No obstante, para que el rol del periodista sea central en esta doble función de informar y formar, este debe recuperar la legitimidad y generar confianza, y esto pasa por no ampararse en la libertad de expresión para desinformar. Así de claro lo expresaba María Rey: “La línea editorial no puede ser un pretexto para dar información falsa”. La legitimación del periodismo, así como la recuperación de la legitimidad política, a la que también se apuntó durante la charla, aparecían como elementos centrales a la hora de distinguir fuentes fiables y fuentes de confianza. Una fuente fiable debe ser confiable, así como no todas las fuentes confiables son fiables. De ahí que el objetivo de mantenerse bien informado plantee un esfuerzo que ha pasado a formar parte de los principales deberes ciudadanos, especialmente si tenemos en cuenta que “el fenómeno de la desinformación es un mal absoluto para nuestras democracias”, tal y como apuntaba Verónica Fumanal, encargada de moderar el acto.

Y para garantizar el deber ciudadano de estar bien informado, iniciativas como “Learn to Check” pretenden ser una “herramienta útil en el aula”, en palabras de Nereida Carrillo. La plataforma nació en septiembre de 2020 con la intención de convertirse en un granito de arena en la difícil tarea de preservar una opinión pública saludable que garantice que, a más verdad, ciudadanos más libres.

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