Los retos virales peligrosos: cómo educar y prevenir riesgos

Precedidos por el símbolo de la almohadilla y acabados con la palabra «challenge», podemos encontrar un gran abanico de retos en redes sociales como TikTok o Instagram. Los y las adolescentes que están en un momento de su ciclo de vida más sensible a las influencias del entorno social, se sienten atraídos, porque les proporcionan adrenalina y satisfacción personal, además de un buen puñado de «me gusta». Aunque los desafíos que más seducen a los jóvenes son los sociales y solidarios; también circulan otros que pueden resultar peligrosos para su salud física y mental. Tanto docentes como familias y jóvenes deben poner manos a la obra para gestionar de la mejor manera posible este riesgo del siglo XXI.

Publicado por Learn to Check | 17.01.2024

(Artículo publicado originariamente en Infermera virtual)

Los retos o challenges en las redes sociales pretenden demostrar a uno mismo y a los demás que se es capaz de hacer algo que resulta difícil. Por eso, se graba todo el proceso y se comparte con la comunidad a través de varios canales y etiquetado con su hashtag. Se alienta a otras personas que repitan y compartan el reto. Como asegura un estudio realizado por la agencia de seguridad Praesidio Safeguarding y Tik-Tok, estos retos «pueden ser divertidos y seguros, pero también pueden ser arriesgados y peligrosos, lo que provocaría daños físicos». Además, algunos de estos retos son falsos y suelen confundir a los jóvenes.

El 80% de los adolescentes ha realizado alguna vez un reto social en alguna plataforma, según se desprende de un estudio de un grupo de investigadores de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y de la Universidad del País Vasco (UPV/ EHU) publicado en la revista Current Psychology. Un 20% de los encuestados hizo algún reto solidario y casi un 8% reconoce haber realizado un reto peligroso en una investigación en la que se entrevistaron a 417 estudiantes españoles de 10 a 14 años.

Un estudio encargado por Tik-Tok y elaborado por un grupo de expertos en psicología, psiquiatría y ciencias del comportamiento, encuestaron a 5.400 adolescentes de entre 13 y 19 años de varios países, el estudio revela que sólo un 21% de los adolescentes afirmó haber participado en un reto online. La cifra de participación en estos retos es superior en los adolescentes (un 14% de los encuestados entre 13 y 15 años) que entre los jóvenes (un 9% de los encuestados entre 18 y 19 años).

Entender por qué se reproducen y comparten estos retos es clave. Según el estudio publicado en Current Psychology, mencionado anteriormente, existe una doble motivación. Aseguran que demostrarse que son capaces de realizar estos retos les proporciona adrenalina, pero también una proyección idealizada de sí mismos en las redes, una satisfacción personal por haber cumplido el reto y que la grabación forme parte de su identidad digital. Por otra parte, también existe una motivación social: ser reconocidos por los demás, lo que se materializa con un buen puñado de «me gusta», nuevos seguidores y muchos elogios.

Varias iniciativas y expertos han reflexionado sobre los retos peligrosos y cómo desincentivarlos entre los adolescentes. El grupo Dimi Cuida en Brasil, la asociación farncesa APEAS (Accompagner-Prévenir-Éduquer-Agir-Sauver) o la organización de educación mediática Common Sense Media, que trabaja para aconsejar a docentes y familias son algunos de ellos, con recomendaciones de estas iniciativas y otras voces expertas (2021b), se propone este decálogo para gestionarlos:

  1. Medir bien el impacto. Es necesario hablar y abordar el problema de forma proporcional; es decir, sólo con aquellos adolescentes que conocen el reto peligroso y son vulnerables. Puede resultar contraproducente hablar de ello con toda la clase o con todo un grupo de adolescentes, lo que puede «incrementar la exposición de niños y jóvenes a estos retos» como dice la guía Harmful online challenges and online hoaxes, elaborada por el departamento de Educación del gobierno británico en colaboración con el UK Council for Internet Safety Education y otros partners. Hay que evitar mostrar vídeos que pueden asustar a los adolescentes. Estas recomendaciones no sólo se aplican a docentes y educadores, sino también a profesionales de los medios de comunicación, que, con la intención de alertar sobre un reto peligroso, también pueden contribuir a difundirlo y extenderlo.
  2. Empatía. Es importante entender por qué algunos adolescentes y jóvenes se sienten llamados a reproducir estos retos. Familias, educadores y personal de la salud deben estar al día sobre los desafíos que en un momento determinado se viralizan, es decir, se difunden a gran velocidad por las distintas redes sociales.
  3. Educar en pensamiento crítico. Una estrategia eficiente es inculcar el pensamiento crítico de los adolescentes y jóvenes en el consumo de contenidos de redes sociales, incluyendo los retos falsos y los retos peligrosos. Desde Common Sense Media, instan a docentes y familias a educar a los jóvenes para que examinen detenidamente cada paso del reto y piensen qué puede ir mal en cada parte, qué riesgos potenciales existen. También alientan a hacerles reflexionar sobre por qué quieren intentar el reto y si realmente es la imagen de sí mismos que quieren que circule y perdure en internet. Algunas veces también puede ser útil revisar los comentarios para ver si alguien apunta a los riesgos o las consecuencias.
  4. Concienciar sobre los riesgos. Según el estudio encargado por Tik-Tok, mencionado en la introducción en el decálogo, el 51% de los adolescentes encuestados aseguró que los retos virales carecían de consecuencias. Un 31% les atribuyó consecuencias negativas y, entre ellos, el 63% dijo que afectaba a su salud mental. Estas cifras ponen de manifiesto la baja percepción de riesgo de los retos peligrosos entre los jóvenes. Por eso, una línea de trabajo es explicarles los peligros potenciales que conllevan para la salud. En este sentido trabaja la asociación francesa APEAS, que, en sus formaciones para prevenir retos peligrosos entre los jóvenes, explica la anatomía de las zonas del cuerpo más afectadas por estos desafíos digitales (como el cráneo, la columna vertebral, el corazón, el cerebro, los órganos abdominales o la circulación sanguínea). Avisan también de qué consecuencias pueden tener determinadas prácticas. De esta forma, los adolescentes toman conciencia.
  5. Ser accesible. En el caso de juegos peligrosos, la prevención se ha demostrado una estrategia mucho más eficaz que la prohibición; ya que vetar un reto de este tipo puede hacerlo aún más atractivo para la adolescencia. Establecer una relación de confianza previa con el adolescente, que sepa que puede consultar al adulto sobre la conveniencia o inocuidad de un determinado reto de redes sociales resulta fundamental. Los adultos deben ser accesibles y deben proporcionar a los jóvenes espacios seguros donde puedan expresar de forma anónima y segura sus dudas e inquietudes.
  6. Dar ejemplo. Los adultos son modelos de los menores; también, en redes sociales. A veces, son los mismos padres y madres que filman a sus criaturas haciendo retos para redes sociales. Esto puede confundirlos; hay que asegurarnos de que saben diferenciar un reto divertido de uno arriesgado. En este sentido, en Common Sense Media aseguran: «Hoy puedes ser inofensivo, pero mañana puede ser más peligroso. Ayuda a tus hijos e hijas a establecer la diferencia para que puedan estar seguros. ‘Hagamos un reto divertido juntos; pero sólo lo grabaremos si tú quieres y sólo lo compartiremos con la familia’»
  7.  Hablar, hablar y hablar. Los adolescentes y jóvenes pueden hablar de cuestiones complejas como son el suicidio o los problemas de salud mental con adultos de referencia, ya sea sus familias, docentes, el personal de la salud que les atiende u otras personas.
  8. Educar en seguridad online. El mundo online, donde los adolescentes pasan mucho tiempo, puede comportar algunos riesgos. Conocerlos y saber cómo prevenirlos y neutralizarlos es clave. Tanto familias como docentes pueden prevenir las consecuencias de los retos peligrosos educando en seguridad digital a las criaturas.

    1. En el ciberacoso, la voz de alarma de compañeros y compañeras que lo están presenciando es clave. Lo mismo ocurre con los retos virales peligrosos. Para prevenir consecuencias no deseadas, es necesario educar a los jóvenes para que alerten cuando un/a compañero/a está pensando en hacer un reto nocivo para la salud. Su voz de alarma puede ayudar a los demás.
    2. Pedir responsabilidad en las plataformas. Redes como Tik-Tok o Instagram distribuyen y contribuyen a viralizar o propagar muy rápidamente estos desafíos perjudiciales para la salud. Como ciudadanos digitales, podemos exigir a las plataformas acciones para impedir una circulación masiva de estos llamamientos que pueden provocar incluso la muerte de las personas.
    3. Redes sociales como herramienta positiva. Es una de las recomendaciones de la guía británica, que insta a las familias a «centrarse en comportamientos positivos y empoderadores en línea con sus hijos e hijas, comportamientos como el pensamiento crítico y cómo y dónde expresar sus inquietudes sobre contenido perjudicial y cómo bloquear contenido y usuarios».

Los retos de las redes sociales irán cambiando, pero estas medidas de prevención y educación pueden ser eficaces para prevenir los peligros de los nuevos challenges que circulen en internet.

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